Porqué nos maquillamos

Por Lic. Vanesa Corvaro

El maquillaje más hermoso en una mujer es la pasión. Pero los cosméticos son más fáciles de comprar/ Yves Saint Laurent.

 El maquillaje es producto, podríamos hasta decir el hijo del adorno. 

Las conductas de adorno son precursoras del maquillaje ya que tenían como finalidad identificar, marcar, distinguir e informar a su portador.

El viejo Egipto es un modelo de ello, en donde el adorno personal (claro ejemplo el de las sofisticadas joyas que pueden verse en el museo del Louvre sin ir más lejos) era algo fundamental en el atuendo.

Así, el maquillaje era una alternativa más para adornarse. El kohl (semi metal, como un mineral) era un elemento muy utilizado y con ello se delineaban los ojos y las pestañas y también tenían una especie de esmaltes para uñas.

Los griegos y los romanos posteriormente emplearon estas prácticas, con un mayor énfasis en el cuidado del cuerpo, ya que -en especial los últimos- frecuentaban termas, baños y se realizaban elaborados peinados. También utilizaban “antimonio” otro elemento semimetálico.

Ya en la Edad Media, con cierto recrudecimiento en las cuestiones represivas frente al cuerpo y con todo aquello que fuese considerado “pecaminoso”-muy ligado a la presencia e impronta de la Iglesia Católica-, ciertas cuestiones vinculadas con el embellecimiento fueron refrenadas.

A partir del Renacimiento y con ello los nuevos inventos científicos, se sofisticó el desarrollo en cosméticos, comenzando el perfume a cobrar importancia.

Claro que en Francia a cerca del SXVII -y muy ligado a los comienzos de la moda- el maquillaje llega a tener su momento de esplendor, siendo en la época Rococó adorno indispensable. Como ejemplo, los lunares obligatorios que toda cortesana debía ostentar, fueron tomando formas cada vez más ornamentales, casi pequeñas obras de arte: llegaban a dibujarse pequeños carruajes.

Luego de la Revolución Francesa, todos aquellos excesos fueron dejados de lado, volviendo a imponerse lo natural.

Así a lo largo del tiempo, el maquillaje, siguiendo las oscilaciones de la moda, buscó comunicar y profundizar aquello que la vestimenta quería decir y significar: de labios estridentes a miradas penetrantes, siempre el maquillaje elige qué parte del cuerpo quiere resaltar y si va a expresar dramatismo o apocalipsis (como en los punk) o desnudez y volatilidad (como en los hippies) y que trascendió a la lucha feminista, muchos más que los corpiños.

Hoy el maquillaje es tan versátil como lo es la moda: se acomoda a sus usuarias para que, más allá de las tendencias, resalte las bondades de cada mujer pero, siempre, adecuándose a los colores que propone la temporada y a las innovaciones científicas y tecnológicas en la materia.

Lo importante de esto es saber que el maquillaje es siempre como el sol: aunque no lo veamos, siempre está.

¡Hasta la próxima, queridos FH!

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